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Alba Carbajal Arias

Alba Carbajal Arias

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Boulesis (Día 3)

Cuando me desperté, lo primero que hice fue comprobar el móvil. La llamada de mi amiga la noche anterior estaba ahí, pero yo ya no confío en nada ni nadie.
En mi correo había un mensaje de ella en el que me preguntaba por qué no asistí a la fiesta el día anterior. No contesté y apagué el portátil.
Cada día me parecía sentir más la presencia del pasillo, no sabría describir qué sentía exactamente cuando me refiero a esa 'presencia', pero era incómodo, como estar sumida en una constante situación de alerta, como si de un momento a otro fuera a pasar algo y no sabía qué... ni cuándo. Y eso me estaba volviendo loca.
Pero no estoy loca, no. ¿Cómo iba a estarlo? Si lo estuviera no se me habría ocurrido la magnífica idea que os contaré a continuación:

En uno de los cajones del escritorio había una pequeña web cam que solía usar para hablar por Skype con mis amigos cuando ellos estaban en una parte más segura dentro de mi mente. A continuación, me acerqué a la puerta que daba al largo pasillo blanco. Actué rápido, pues cualquier mínimo segundo de estancia en aquel pasillo se me hacía realmente agonizante. Cogí cinta adhesiva y unas tijeras y abrí rápido la puerta. Coloqué la pequeña cámara en un punto estratégico en el pasillo y la anclé al suelo con ayuda de la cinta adhesiva.
La presencia me presionaba, a 'Ella' no le gustaba ésto, yo lo sabía. Estaba enfadada, yo estaba perturbando la paz de su pasillo, estaba alterando su espacio con la incursión del pequeño objeto que coloqué en el suelo.
La presión crecía más y más. Mis manos temblorosas agarraron de alguna manera las tijeras cortando el extremo sobrante de la cinta adhesiva. Me aseguré en un rápido último vistazo de que todo estuviera bien colocado, en orden.
Me dolía la cabeza, era la presión, era la presencia... 'Ella' se estaba enfadando.
Pasé el cable por debajo de la puerta y entré rápido en mi habitación. Sentía que 'Ella' (me referiré a la presencia como 'Ella') estaba a punto de abalanzarse furiosa sobre mi tembloroso cuerpo. Guardé unos instantes de silencio, por el irónico miedo de perturbar el propio silencio de mi soledad. Conecté la cámara al portátil, entré en 'Configuración' y posteriormente elegí la opción 'Vista previa'. Vi el pasillo, el blanco pasillo alargado parecía aún más grande y claustrofóbico a través de la lente de la pequeña cámara. Ahora podría tener controlada la única zona que me conecta al mundo exterior sin necesidad de salir de éste, para mí, el único lugar seguro existente.
Me senté en el suelo con la espalda apoyada en la puerta y el portátil cerca de mí para poder tener el pasillo controlado, para tratar de alguna manera controlarla a 'Ella'.

Entre aquella extraña paz, tras la tensión del momento en el que instalé el dispositivo en el pasillo, debí de quedarme dormida con la espalda apoyada contra la puerta. Lo que me despertó fue un sonido proveniente del portátil y eso me alarmó.
Vi que era un correo, un simple correo. Uno de aquellos que consideraba spam y ahora eran simplemente mucho más que eso.
Eran avisos, alguien lo sabe. Me quieren proteger, ¿o quieren acabar conmigo? No me fio de nadie, ni siquiera de aquel que dice que no me debo fiar de nadie. Abrí el correo con curiosidad, las mismas letras rojas se presentaron ante mis ojos en el mismo momento en que abrí el mensaje:
"Parece real, pero no lo es. Ten cuidado, harán lo posible para que les creas. Si abres la puerta, pierdes."

Me di cuenta de que estaba temblando cuando mis manos tropezaron en el intento de cerrar la ventana que albergaba el profecístico mensaje. En lugar de ello, minimicé la pantalla de forma que la ventana que contenía el mensaje se hizo a un lado dejándome ver también la imagen que estaba captando la cámara en ese momento.
Miré atentamente la retransmisión, pues por un momento creí que mi subconsciente estaba empezando a traicionarme. Pero esta vez no, era real. O al menos estaba segura de estar viéndolo con mis propios ojos. Si, definitivamente, alguien estaba abriendo la pesada puerta metálica.

Corrí lo más que pude, como un niño que apaga la luz y corre a ocultarse bajo sus sábanas sintiéndose así más seguro antes de irse a dormir. Me oculté yo también bajo las sábanas tratando de convencerme a mi misma de la falsedad de la clara imagen que habían visto mis ojos.
"Parece real, pero no lo es."
No estoy loca, soy demasiado ingeniosa para estarlo. Contaré hasta diez para calmarme. Sí, eso haré.
Uno...dos...tres...cua...
Alguien está golpeando mi puerta.
"Si abres la puerta, pierdes."

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