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El milagro de la belleza en la noche del Lunes Santo Destacado

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El milagro de la belleza en la noche del Lunes Santo

La Hermandad Penitencial de la Buena Muerte desciende por Balborraz hasta Santa Lucía, donde el coro entonó el "Jerusalén", uno de los momentos mágicos de la Semana Santa de Zamora.

El milagro se ha hecho verdad en la noche del Lunes Santo cuando se abrieron las puertas de San Vicente. El milagro de la fe, del silencio, de la devoción, de la belleza, de la voz, de lo perfecto. Ese milagro que hace de la Semana Santa de Zamora algo vivo, algo eterno, que llega, que cala.

Eran las doce de la noche y la Hermandad Penitencial del Cristo de la Buena Muerte salía a la calle e iniciaba su recorrido para descender por la cuesta de Balborraz hacia el corazón de los Barrios Bajos. Un hermoso recorrido a medida de una de las más hermosas procesiones y de uno de los mejores Crucificados que custodia Zamora en sus templos, el Cristo de la Buena Muerte, que pasa en plano inclinado por las calles casi acariciando a quien lo contempla.

Allí, en la Plaza de Santa Lucía, el coro de la hermandad ha entonado el 'Jerusalén' para tres voces graves de Miguel Manzano, protagonizando uno de los momentos mágicos de cuantos se viven el Lunes Santo en Zamora. Un momento que sigue la gente desde los balcones y los miradores, que buscan los fotógrafos con sus cámaras un año tras otro.

Abría la procesión la Cruz de Difuntos, con los nombres de quienes acompañaron al Cristo de la Buena Muerte en la tierra y ya no están; después, la blancura de los hábitos y las llamas de las teas conformaban un haz de luz en la noche precediendo el paso del Cristo. En medio, las cruces penitenciales de Ricardo Flecha, rudas, austeras, con el inconfundible sello de su autor.

En el aire, el perfume del incienso y las voces del coro entonando las Siete Palabras de Enrique Satué, una composición moderna con ecos antiguos que da personalidad propia al paso de Cristo por las calles. Todo tan solemne y tan sencillo, tan medido, que su paso invita al silencio y a la contemplación.

La hermandad ha emprendido el camino de regreso por la Cuesta de San Cipriano y Doncellas para llegar por la Ronda de Santa María al Arco de Doña Urraca, momento que ilustra la fotografía del cartel anunciador de este año. Por su estética, por su recorrido, por su impecable organización, cada momento es un cartel.

Eran las dos de la madrugada cuando el interior de San Vicente acogía el canto del Vexila Regis a puerta cerrada, con apenas una docena de teas alumbrando a la imagen y quinientas almas apretadas en torno al Cristo. Zamora dormía y esperaba ya el Martes Santo.

Galería de imágenes y vídeos (Rafael Lorenzo, Marcos Vicente, control realización y producción: Fco Colmenero)

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