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Boulesis (Día X)

Boulesis (Día X)

Quinto capítulo de la novela "Boulesis". ¡Nos vamos acercando al final!

Hoy es un día. Un día cualquiera.
Llegué a perder la noción del tiempo en el momento en el que dejé de ver la luz del sol. Es curioso pero eso en parte me reconforta, me recuerda a aquellos días en mi habitación, encerrada en casa. Si no fuera por mi móvil o mi portátil, no hubiera tenido ni idea de en qué momento del día estaba.
Ahora es distinto, no puedo saber qué hora es ni cuanto tiempo llevo encerrada. Los primeros días me guiaba por las veces que entraban a dejarme la comida pero ahora ya no sé si es la comida o la cena.

He ido notando cambios. Al principio mi amiga venía a verme de vez en cuando. Ese 'de vez en cuando' fue extendiéndose a un 'muy de vez en cuando' y ahora ya simplemente hace días que no sé nada de ella. En cuanto a mi familia... el doctor dijo algo de que ellos conocían mi situación, pero simplemente preferían no verme. Ante el rechazo de mi propia familia y de mi mejor amiga, creo que estoy definitivamente sola en el mundo, en 'mi mundo'.

Todo lo que ocurra a partir de ahora, pues mi situación ya no puede mejorar, será culpa de la gente que decidió tenerme aquí encerrada. Mi único contacto exterior, por así decirlo, es cuando el doctor viene a hablar conmigo. Él dice que tengo un problema, que creo fielmente en cosas que no existen.
Volvió a preguntarme por 'Ella' y esta vez le hice partícipe de mis teorías, pues ya... ¿qué más daba? Le dije que no sabía quien era pero podía asegurar con certeza que era peligrosa, le hablé de 'Ella', de la presencia, del pasillo blanco, de la puerta metálica, del niño del paso de cebra, de mi estrategia con la webcam, de los correos de letras rojas, de la televisión estropeada... Y rompí a llorar profundamente desconcertada, pues a medida que iba avanzando la conversación, iba comprendiendo el sinsentido de los sucesos que yo misma le estaba narrando, sucesos que había vivido y que ahora veía lejanos y totalmente aislados de cualquier tipo de lógica.

Está bien, tiene razón, no estoy segura de nada... Pero él tampoco lo está, nadie puede estarlo. Nadie puede saber en qué medida todo lo que vivimos es real...
Se lo dije, le dije que puede que fueran ellos quienes estaban locos y no yo. Él simplemente levantó la cabeza y miró a alguna parte del techo de la estancia y como si hablara con el ambiente que cobijaban esas cuatro paredes acolchadas, y dijo algo así como: 'Cuarta fase: persuasión.' ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba pasando? ¿Y si... tal vez... estuviera dirigiéndose a 'Ella'? Algo ha hecho clic en mi cabeza. Ellos están en mi contra... Todos lo están, y 'Ella' también y ellos lo saben... saben que tengo razón e intentan hacerme creer que estoy loca... Pero no lo estoy, ¿cómo iba a estarlo? ¡Sé perfectamente que las cosas que he visto son reales! Entré en un estado de profunda ansiedad y el doctor mandó que alguien me inyectara algún tipo de calmante antes de abandonar la sala.

Eso es todo lo que recuerdo de este día, al fin y al cabo, un día cualquiera dentro de esta monotonía en la que me he visto obligada a vivir.

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