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El Alzheimer desde dentro, "mami me encantan tus sopas de ajo"

El Alzheimer desde dentro, "mami me encantan tus sopas de ajo"

Son muchos años ya, años de psiquiatras, de psicólogos y de cientos de consultas en pasillos de hospitales. Mi madre tiene Alzheimer, hace 13 años que lo sé, y que se lo diagnosticaron, eso sí con una mezcla explosiva de demencia leve y una lesión frontotemporal que le impide un normal desarrollo de su vida, todo un maremagnum. Mi madre es la usuaria más antigua que no de más edad del centro de Día Ciudad Jardín de Zamora.

Tras los inicios duros a más no poder y tras saber que esto iría a más, solo quedaba la resignación y la resiliencia, y por supuesto aprender a tratar esta enfermedad que tendrá a 131 millones de personas atrapadas sin memoria en 2050.
Los cursos para aprender a tratar este tipo de enfermedades y el cariño que te dan los que lo imparten y los que lo han sufrido en sus familias son cruciales. Este problema que te quema por dentro y que muchas veces has de exteriorizar en un grito, en una escapada o en un abrazo profundo y fuerte, complica la vida normal de muchos millones de personas en el mundo y no eres ni más, ni mejor por ello, tampoco más desgraciado, yo creo que quizá y depende como se mire un privilegiado.

Simplemente te adaptas, los seres humanos tenemos una gran capacidad de sufrimiento y esfuerzo y el segundo aliento, ese que los deportistas dicen que aparece en alguna ocasión, está presente siempre con los familiares que cuidan enfermos de Alzheimer. Situaciones extremas, momentos durísimos en los que se te cae el alma, tristeza interior que se ve recompensada con esos pequeños momentos de ternura en los que sus manos o su cara te dan el minuto más feliz del día. "Recuerdas cuando te enseñé hacer las sopas de ajo", momentazo...pelos de punta no lo puedo remediar soy humano y sensible, lo se pero esta enfermedad y ver lo que ha pasado con decenas de compañeros de mi madre me ayudan en el día a día.
Los cuidados miles, las atenciones a cientos, la paciencia...ni la del Santo Job. No hay nada más duro que tu madre no te conozca y te trate de usted cuando te ha besado mil veces, te ha limpiado los mocos otras mil, o te hizo esas sopas de ajo que sigues muriendo por ellas. La edad no perdona ni a los enfermos ni a los familiares y raro es el mes que alguno de los compañeros de mi madre no empeora o simplemente dice adiós para siempre.

El Centro de Día Ciudad Jardín ha evolucionado y en mi familia se ha visto desde el inicio que la profesionalidad crece día a día y que los medios y los estudios van a más, son 13 años nada menos en los que el camino diario hasta casi el final de la calle Hernán Cortes hace surco en el devenir del día a día. Pero tengo el privilegio de ver a mi madre a diario, de seguir disfrutando de su compañía, y eso es especial, aunque me llame por teléfono 5 veces al día para decirme que me ha comprado "pipas" que sabe que me encantan, o aunque me llame a las mil para decirme que si mañana hará frío y que chaqueta ha de ponerse. Lo importante es que está viva y que sigue siendo mi "mami" aunque yo sea el policía malo que miles de veces ha de reñirla por sus caprichos y por sus manías que dentro de su enfermedad ella no controla para nada. Mi padre con sus 85 años sigue siendo su cuidador mayor, en nada harán 50 años de vida en común que con los de novios serán toda una vida de satisfacciones y cariño, una vida plena que ni esta enfermedad puede con el amor que se profesan, por mucho que hayan pasado siguen ahí viendo como los días pasan y disfrutando de los buenos momentos. Mi hermana, enfermera de profesión y vocación se encarga también de vez en cuando también y cuando su trabajo se lo permite, de hacernos un relevo y darnos un respiro que agradecemos siempre, su visión profesional también es un alivio y sirve de mucha ayuda, en fin todos a una, a la madre que nos trajo a este mundo y que sigue siendo un baluarte en nuestra familia.
Hoy como desde hace 4.745 días más o menos es un día para pensar, reflexionar en voz alta y reconocer la labor de los investigadores, de los cuidadores, y de todos los que tarde o temprano tendremos cerca a una persona con esta epidemia del siglo XXI.

Duro, muy duro desde dentro, pero también con mucha ayuda de grandes profesionales llenos de paciencia y comprensión que hacen mucho más llevadero el día a día de enfermos y cuidadores.

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