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No es un chiste

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Uno de los carteles de la campaña contra la Violencia de Género (Foto: Rafa Lorenzo) Uno de los carteles de la campaña contra la Violencia de Género (Foto: Rafa Lorenzo)

La campaña contra la violencia machista del Ayuntamiento de Zamora ha traspasado las fronteras provinciales y hoy era objeto de los informativos nacionales por la polémica desatada en torno a los carteles instalados en las marquesinas de la capital. Unos carteles en los que destacan en letras grandes sobre fondo oscuro diversos chistes machistas sobre el maltrato o el papel de la mujer en el hogar que leídos sin anestesia cuesta digerir.

Entiendo la buena voluntad y el mensaje de la campaña, aunque el mensaje se pierde en el chiste, que al final es lo que va a quedar, lo que mañana recordaremos de este episodio: la letra grande. El chiste. La mofa, la degradación de la mujer, que es lo que ha desatado la polémica, la indignación y la estupefacción que hoy han mostrado miles de internautas en las redes.

Está claro que el diseño no es nada afortunado (hay frases que son como dos puñetazos a la vista), pero tampoco comparto la actitud de quienes se hacen cruces ante esos chistes que forman parte del día a día de este país. Unos chistes que escritos en blanco sobre negro nos dejan petrificados, son ofensivos, duelen, degradan, pero que la mayoría conocemos por repetidos, como conocemos los de gitanos, los de los negros, los de los chinos, los de los homosexuales, curas, médicos, ingleses y franceses, andaluces, gallegos o los de Lepe, si me apuran. También los chistes sobre la presunta única neurona de los hombres, que también los hay. Yo confieso. Negarlo, al menos en mi caso, sería mentir. Y no se me ha pasado jamás por la cabeza incitar a ningún tipo de violencia ni discriminación ni racismo ni anticlericalismo ni homofobia. Quizá por eso: eran solo chistes cuyo poso no calibras. Humor, negro, trágico, que algunos convierten en filosofía de vida.

De toda esta escandalera, me sorprende la doble moral, la hipocresía de quienes ponen el grito en el cielo como si esto fuese la novedad, el acabóse. Como si nunca los hubiesen escuchado, como si no existieran hasta hoy o los hubiesen inventado en Zamora. Yo también he contado chistes parecidos y han sido mujeres las que me han reído la gracia (a algunas las he leído hoy hechas un basilisco condenando el episodio); por whatsapp circulan cientos, miles de estos que te envían hombres y mujeres a grupos de hombres y mujeres, quizá porque no se te ocurría pensar que sobre un chiste se erigiese la peana del machismo secular de esta sociedad. 

Por eso, por su  crudeza, por el impacto que produce leer esa sarta de burradas, el cartel sobrepasa el chiste y lleva a la reflexión. Después de leer esos chistes que son como bofetadas, necesitas el mensaje, la letra pequeña que debiera ser mayúscula, inmensa: la violencia machista, cualquier tipo de violencia, no es un chiste. Y eso es lo que debiera prevalecer en letra grande en la campaña. Ese es el gran fallo, que nos quedamos en la anécdota. Ojalá las cincuenta víctimas de este año y los diez niños que han perdido la vida fuesen un chiste. Ojalá las miles de mujeres amenazadas, acojonadas, amordazadas, humilladas, fuesen un chiste.

Combatir, erradicar la violencia contra las mujeres es una labor de muchos años que comienza en la infancia educando en la igualdad y en el respeto, en la tolerancia, en el amor. No es cosa de chiste. Y mientras la sociedad no logre sentar las bases y asentar ese camino, la violencia contra las mujeres no dejará de ser mucho, muchísimo más que un chiste: la dura realidad, lo cotidiano, la ley del terror bajo la que viven miles y miles de mujeres cada día.

Ojalá llegue el día en que estas y otras frases que nos encabronarían igual si las leyésemos escritas en letras grandes solo sean un chiste residual de algo que la sociedad nunca conoció; de algo que nuestros hijos no conocerán. Ojalá un día la violencia se escriba en letra pequeña, se tache para siempre del vocabulario. Toda, todas las violencias en un mundo cada vez más violento y violentado.

Ojalá un día la libertad, la igualdad y el respeto se escriban en letra grande y prevalezcan sobre todo lo demás. Ese es el mensaje. Todo lo demás es un chiste con las patas muy cortas en el tiempo.

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