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Honrar la capa

"Puestos a pedir, honre usted esa capa, señor presidente; honre a sus gentes, a esta tierra que no existe en el mapa, aunque mucho me temo que es tarde para tal desagravio histórico".

Si esta provincia tuviese algo que agradecer a quienes han estado al frente de los distintos gobiernos de la democracia, dudo mucho que ninguno se llevase ni un solo presente de una tierra que va desangrándose lentamente desde los años 50 y 60 del siglo XX, cuando muchos tuvieron que emigrar y buscar pan y curre en Madrid o en el País Vasco. Poco han cambiado las cosas desde entonces.

No deja de ser paradójico que el Partido Popular celebre una convención nacional sobre despoblación en Zamora, una provincia cuya sangría es histórica aunque algunos parezca que se dan cuenta ahora y se llevan las manos a la cabeza. Una provincia envejecida, despoblada, que cuenta poco en las urnas y sin incentivos, industria ni servicios que permitan fijar población, renovarla, reverdecerla.

No deja de ser paradójico también que ande el personal revuelto con entregarle una capa alistana, una capa de honras al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando lo realmente preocupante, lo realmente indignante del asunto, la cruda realidad es que tenemos la provincia como un solar por la mala gestión, por la desidia y el olvido de unos y otros, gobierno tras gobierno, legislatura tras legislatura. Si por ello fuera, me repito, a ninguno deberíamos distinguirlo con una capa de honras, que es como ponerle sobre los hombros el espíritu, la esencia de esta tierra. Nada les debemos.

No hace falta ser sociólogo, ni geógrafo, ni un máster o veinte ficticios o reales, para comprobar a simple vista que Zamora se muere, que Zamora se desangra, que nuestros jóvenes se tienen que ir, que nuestros mayores envejecen, que nuestros negocios cierran, que nuestros vecinos se marchan o se mueren; que Zamora lleva décadas bajo la capa de la invisibilidad de Harry Potter.

No hace falta ningún estudio en profundidad para comprobar que Zamora se muere sin industria, que pierde fuelle en las instituciones, que su voto vale menos; que no ofrece servicios de calidad y de primera necesidad en el medio rural como hospitales, colegios o títulos específicos y salidas profesionales con futuro y con sentido como la transformación de los productos agroalimentarios que permitan que los jóvenes se establezcan aquí sin necesidad de heredar el trabajo en el campo, hundido con desastrosas políticas agrarias, o de ponerse al frente de un viejo negocio familiar abocado a la desaparición devorado por las grandes superficies.

Eso, unido al clientelismo y al "dedo de dios" que decide quiénes pueden ganarse la vida y quiénes tienen que irse, es lo que está matando a esta tierra desde hace muchos, muchísimos años. Esa es la condena, la realidad que no podemos tapar con una capa de lana y eso es lo que debería indignar de verdad a los ciudadanos, a los zamoranos.

Todo ello no es solo culpa de este, ni del anterior, ni del anterior, ni del anterior presidente del Gobierno. Eso es el doloroso fruto de muchos años de silencio, de sumisión y complacencia en el que los zamoranos no hemos exigido a nuestros representantes de uno y otro signo que se pusieran en pie frente a sus líderes para defender los intereses de esta tierra por encima de los de su partido.

La capa de honras es una prenda ceremonial que visten desde tiempo inmemorial los hombres de Aliste y de La Raya, esa Raya del Oeste, la tierra más pobre y más deprimida económica y poblacionalmente de todo el territorio nacional, en sus celebraciones más solemnes. Es una capa parda, recia y preciosa, como esta tierra nuestra. La capa de honras es una prenda que tiene el honor en sí misma, ese honor que le confiere el legado de un pueblo que ha vivido de trabajar la tierra, de cardar la lana, de tejer el lino, de sudar el pan, de vivir pese a todo. Un honor propio del pueblo de Aliste que no es transferible porque es su propia historia.

De todos es sabido que no es el hábito el que hace al monje. No es la capa la que confiere la honra, sino el hombre el que honra la prenda que viste. Puestos a pedir, honre usted esa capa, señor presidente, que honrarla no es solo ponerla sobre los hombros; escuche a los empresarios, a quienes intentan vivir y prosperar en Zamora; déles futuro y esperanza a nuestros jóvenes y ancianos; honre a sus gentes, a esta tierra que no existe en el mapa, aunque mucho me temo que es tarde para tal desagravio histórico a todos los zamoranos que no viene de ahora, ni de usted, sino de todos los gobiernos de uno y otro signo. Que es tarde para echar un capote a nuestra pequeña Zamora, tan herida de muerte y olvido, para trazar una hoja de ruta, un plan efectivo que detenga esta sangría, este exilio forzoso que nos mata poco a poco.

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