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Días de estrés

Días de estrés Días de estrés

Suena el despertador. Nos levantamos. Desayunamos. Salimos corriendo. Y así hasta que llega la noche y nos metemos de nuevo en la cama para empezar otra vez al día siguiente.

Esto bien podría ser el diario de muchos de nosotros. A menudo no reparamos en ello pero así es, y así vivimos. Vivimos esclavos del tiempo, del reloj, así como de innumerables tareas que debemos hacer a lo largo de un día sin tener a veces, ni diez minutos de profundo relax. Y digo esto porque en más de una ocasión he observado a otras personas (así como a mí misma) tomar un café mirando constantemente las manecillas del reloj y seguramente pensando en lo que tuvieran que hacer a continuación. Pues sí. Así es. Nuestra sociedad es un no parar continuo. ¿Verdad que más de uno se siente identificado?

A menudo tengo la sensación de que nuestra sociedad ve a aquellas personas que más cosas hacen al día y que están en continua actividad como "superhombres" y "supermujeres". Y además son las más valoradas: "Bueno, esa chica es lo más, puede con todo y yo creo que si tuviera más tiempo haría el doble de cosas, ella puede, es alguien desde luego muy especial". Pues no tanto. Según muchos estudios y autores renombrados en la materia de estrés, las personas que más sufren de estrés se lo producen sin darse cuenta porque parece que se ven obligados a hacer un montón de cosas y su lista parece ser interminable. Ningún día lo terminan habiendo hecho todo lo que tenían "pendiente". (Y normal porque nadie puede aguantar tal ritmo de existencia). Y así día tras día se van forjando una pendiente de estrés, dolores de cabeza y demás somatizaciones que luego pasan factura el día menos pensado.

El trabajo y las tareas, como no, han siempre de tomarse en serio. Pero no a cualquier precio. A veces ni siquiera dedicamos a nuestros seres queridos la mitad del tiempo que merecen. ¿Por qué? Muy sencillo, porque anteponemos casi cualquier cosa a ellos y a nuestro derecho a relajarnos aunque sea 15 minutos al día... Y nunca llegamos a acabar todo (o al menos muy pocos días lo conseguimos).

Por ello, creo que a veces, deberíamos pararnos a respirar hondo y decir vale, tengo que hacer todo esto, pero con más calma. Casi seguro nos saldrá mejor y nuestra salud no se verá tan resentida. ¿Deberíamos entonces replantearnos y hacer un nuevo ranking de prioridades?

Creo que merecería la pena...

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