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Julián Calvo efectúa un paseo por los 75 años de vida de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída Destacado

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Julián Calvo efectúa un paseo por los 75 años de vida de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída

Un pregón de magnífica prosa y profundo sentimiento abre en el Teatro Principal el 75 aniversario de la hermandad del Lunes Santo.

"Abrid las puertas", dijo Julián Calvo en el Teatro Principal. Y todos los presentes se trasladaron al momento que se vive en la iglesia de San Lázaro en la tarde del Lunes Santo, cuando la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída sale a la calle. Desde la fe, las vivencias propias y el cariño, el pregonero propuso al público que llenaba el Teatro Principal un viaje por los 75 años de vida de la hermandad, recordando su fundación en plena efervescencia de la Segunda Guerra Mundial y con una España bajo el régimen Franquista que decidió rendir así el tributo merecido a los caídos en el campo de batalla en la Guerra Civil española.

Eran tiempos, como recordaba el pregonero, en que El Correo de Zamora se vendía por quince céntimos y se anunciaban racionamientos de aceute y arroz a cuatro pesetas/litro y cuarenta y cinco céntimos/kilo.

Con una fuerte carga y compromiso social, Julián Calvo ha recordado a los refugiados sirios y ha reivindicado que Zamora sea la capital de la Semana Santa en Castilla y León, además de reclamar una visión acorde con el siglo XXI. Con una magnífica prosa ha desglosado la procesión del Lunes Santo a través del sello de Coomonte y la poesía de Unamuno en momentos de fuerte pensamiento filosófico a los que ha unido el corazón en un gesto tan sencillo como mandarle recuerdos a Ramiro, amigo y hermano convaleciente de un accidente de tráfico.

Y después fe, historia, vivencias y de nuevo la fe para trazar una ruta por los 75 años de hermandad. Antes, las esquilas del Barandales y el sonido de la banda de clarines y tambores habían puesto el punto necesario de emoción, el justo contexto de los sones que marcan la tarde del Lunes Santo, resumida en un vídeo de historia y rostros, de historias, emociones y devociones.

Y de nuevo la fe para afrontar el mañana "que no es cualquier día". Y en el aire, el eco de una oración que se hace cántico: La muerte no es el final. Y la esperanza de que sean los hijos quienes celebren el centenario de la hermandad. Difícil será entonces superar un pregón con la intensidad, la sinceridad y la verdad del que ayer Julián Calvo pronunció sobre las tablas del Principal, que por instantes fueron la calle del Riego, la iglesia de San Lázaro o la Plaza Mayor.

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