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Las Cajas muertas

Las Cajas muertas Las Cajas muertas

El inquietante Villanueva, cuya prolongada permanencia al frente de la Economía regional escapa a cualquier intento de comprensión, no se siente culpable de la muerte y entierro de las Cajas de Castilla y León. Las decisiones las tomaban los gestores, acaba de decir. Ya. ¿Y quién nombraba a tan sagaces gestores, sino él y algún otro tan espabilado y formado como él?

El inquietante Villanueva, picapleitos de profesión, como su jefe Herrera, sostiene que cuando se diseñó la reestructuración de las cajas de ahorro «nadie puso un reproche». De donde se vuelve a deducir que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Uno mismo, en su modestia e insignificancia, podría editar un libro completo solo con los artículos que sobre el tema escribí, siempre en el mismo sentido: la mano zafia e interesada de los políticos no debe entrar en cuestiones delicadas de la sociedad civil.

La de veces que me desgañité contra la invasión política –y sindical, oiga- de las Cajas. Estas estorbaron siempre a la gran banca privada, que se moría por destruirlas. Y ahí está: objetivo conseguido. Ya no hay Cajas. Hasta los harapos que quedan de ellas son ahora bancos. Mucho están tardando los Botín&Cía en premiar como se merecen a los enterradores de nuestras Cajas. Empezando por los "grandes" políticos de esta pobre y artificiosa Comunidad.

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