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El consultivo y el lobo

Edificio del Consejo Consultivo Edificio del Consejo Consultivo

El otro día, paseando, llegué la plaza de la Catedral y miré el edificio del Consejo Consultivo con ojos de Miguel Ángel Mateos. Concluí que el profesor tiene razón: sería una espléndida sede para el museo Lobo.

Como sabrán, se trata de un museo maldito. No hay forma de que goce de sede. Estuvo en la Iglesia de San Esteban. Era un emplazamiento provisional, hasta pensar algo mejor. Lo trasladaron a la Casa de los Gigantes. También de modo provisional hasta que se acondicionara el Castillo con aquel proyecto Moneo que jamás vio la luz. Ese lugar es alquilado y sale por un ojo de a cara. Así que el Ayuntamiento, que ya no tiene dinero más que para lo suyo, busca algo más barato.

Y ahí entra la idea del profesor. Lobo es escultura de vanguardia. A la idiotez del Consultivo le han hecho un edificio de vanguardia. Den una vuelta a su alrededor. No se ven más que vacíos donde lucirían de lo lindo las obras de don Baltasar. Y a cubierto, la obra más delicada.

Ni siquiera habría que echar a los okupas que ahora lo habitan. Pueden hacer de ordenanzas y así les sacamos alguna utilidad. Eso sí, los sueldos habría que bajárselos. No pueden seguir cobrando como Consejeros y Presidentes. Pero, vamos, sin cebarse. Amilivia, como jefe de ordenanzas, que cobre un poco más. Los otros, como cualquier conserje.

Mataríamos dos pájaros de un tiro. Por fin sería útil el edificio del Consultivo. Y por fin tendría sede el museo de Baltasar Lobo. Bueno, lo mismo hasta matábamos tres pájaros, si, ofendidos, se iban a casa los señores Consejeros del Consultivo, séquito incluido. Ji.

Apoyo la moción de Adeiza, pues. Venga, vamos a votar.

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