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Alianza por la Solidaridad hace un llamamiento para un mayor liderazgo de las mujeres en la respuesta humanitaria al COVID-19

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Alianza por la Solidaridad hace un llamamiento para un mayor liderazgo de las mujeres en la respuesta humanitaria al COVID-19

Sólo el 0,1% de los fondos de emergencia de la ONU para la crisis del coronavirus se destina a organizaciones locales y nacionales de los países. Las mujeres, ausentes en la toma de decisiones sobre el COVID-19 y la reconstrucción económica.

La pandemia del COVID-19 ha puesto de relieve la importancia de abordar las crisis desde una respuesta local en la que el liderazgo de las mujeres tenga un papel destacado. Organizaciones humanitarias, tanto internacionales como nacionales y locales, que han movilizado todos sus recursos para hacer frente a los efectos de esta pandemia, denuncian que, una vez más, queda en evidencia que las emergencias como ésta magnifican las desigualdades existentes, con un impacto duradero y perjudicial en las mujeres y sus derechos.

En un informe de ActionAid, federación de la que forma parte Alianza por la Solidaridad, se pone de manifiesto cómo circunstancias extremas como las que vive ahora la humanidad, aumentan los riesgos de violencia de género, el incremento del trabajo femenino de cuidados no remunerado, la pérdida de ingresos y empleos dignos o un menor acceso a servicios públicos y de protección social. Todo ello tiene lugar en un contexto político y social en el que las líderes quedan constantemente excluidas de los espacios y procesos de toma de decisiones que determinan el futuro, lo que tiene un efecto devastador sobre la vida de cientos de millones de mujeres.

Alianza por la Solidaridad-ActionAid está constatando sobre el terreno que las mujeres y las niñas de todo el mundo, incluidas las que viven en países con crisis humanitarias previas y altos niveles de pobreza, son las más afectadas en esta crisis, no tanto porque desde un punto de vista sanitario la COVID-19 cause mayor mortalidad a las mujeres, sino porque ellas son fundamentalmente las personas cuidadoras tanto en el sector sanitario global como en los hogares y los servicios sociales, lo que las pone en primera línea de contagio. A ello hay que sumar los impactos indirectos (violencia de género, empleo informal, más pobreza, reducción en la atención a la salud sexual y reproductiva, etcétera).

Cuatro años después de que las agencias de Naciones Unidas, ONG y gobiernos se reunieran en la Cumbre Humanitaria Mundial celebrada en Estambul y se fijaran compromisos sobre el empoderamiento de las mujeres, la situación no ha variado significativamente. En el acuerdo Gran Bargain que se firmó entonces, en relación con la igualdad de género, los donantes se comprometieron a que al menos el 25% de los fondos de la acción humanitaria se gestionaría por actores locales y nacionales de la manera más directa posible.

En esta pandemia, el Plan Humanitario Mundial de Naciones Unidas para el COVID-19, aprobado en mayo, si menciona esta 'localización', pero canalizará el 95% de sus fondos a través de organismos de la ONU. Lo más grave es que no hace ninguna referencia a la inclusión de organizaciones o asociaciones de mujeres, ni se plantea un objetivo independiente de prevención y respuesta contra la violencia de género, cuando se sabe que es una auténtica 'pandemia oculta'. Es decir, si bien se recogen los desafíos que supone la crisis para mujeres y niñas, obvia sus capacidades de liderazgo. En términos globales, destaca que en la financiación de la pandemia a nivel global solamente el 0,1% de los fondos está dirigido a organizaciones locales y nacionales.

Por el contrario, Alianza por la Solidaridad-ActionAid recuerda en su informe que "a menudo las mujeres y asociaciones dirigidas por mujeres aportan valiosas habilidades y activos a la acción humanitaria localizada. Son capaces de tener acceso a las comunidades de difícil acceso y a las personas más marginadas, aportando una fuerte comprensión del contexto local y de las necesidades de las mujeres, las niñas y toda la comunidad".

Las propuestas para revertir esta situación se centran en tres ejes:

Análisis e investigaciones lideradas por mujeres con un enfoque de género para guiar esfuerzos de respuesta inmediata y a más largo plazo.

Canalizar recursos directamente a los actores locales dirigidos por mujeres.

Aumentar la representación de mujeres en los espacios de toma de decisión y estructuras a todos los niveles en la respuesta a C-19.

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