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La lluvia da una tregua a la Vera Cruz, que acorta su itinerario Destacado

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La lluvia da una tregua a la Vera Cruz, que acorta su itinerario

Contra las peores previsiones, el agua ha dado un respiro esta tarde a la cofradía de la Vera Cruz, que ha salido a las calles con todo su esplendor, si bien la directiva decidía, en la misma puerta del Museo y ante las previsiones de la Aemet, efectuar un recorrido corto por la zona centro de la ciudad y no dirigirse a la Catedral.

A las 16.45 horas, un cuarto de hora después de lo previsto, el presidente, Teo Hernández, daba la orden de arrancar la procesión y efectuar un recorrido hasta el Mercado de Abastos, subiendo por San Andrés y bajando por Santa Clara, para recogerse de nuevo en el Museo atravesando la Plaza Mayor. Una decisión difícil para quienes están todo el año trabajando por la cofradía, pero responsable y acertada para salvaguardar su patrimonio.

En la puerta del Museo, cofrades y cargadores esperaban expectantes y cruzaban los dedos para que el tiempo les permitiese convertir el Jueves Santo en una marea de terciopelo morado por las calles, junto a la Cruz, el Nazareno y su Madre.

Y así, mientras sonaba La Cruz de forma incesante, por esos portones mágicos fueron asomando el Lavatorio, los Olivos, la Flagelación, la Santa Cena, el Prendimiento, la Sentencia, la Coronación de Espinas y el Ecce Homo, además de la Santa Cruz, el Nazareno y la Dolorosa, una completa iconografía de la Pasión con la que los zamoranos desde niños aprenden la Historia Sagrada.

Apostada junto a las puertas del Museo, la ministra de Desarrollo contemplaba la salida de los grupos escultóricos acompañada por la presidenta de la Junta pro Semana Santa, Isabel García Prieto; el subdelegado del Gobierno en Zamora, Ángel Blanco, y el primer teniente de alcalde, Antidio Fagúndez. También el escultor Higinio Vázquez presenciaba desde el Museo sus dos aportaciones a la Semana Santa zamorana.

Con una ciudad desbordada de gente y expectante en las aceras, la Vera Cruz ha completado el itinerario corto con un sensación agridulce: la alegría de no haberse quedado en casa y la decepción de que tanto trabajo no pueda lucir como desde la directiva hubiesen deseado.

Cuando la procesión retornaba al Museo, la parte antigua de la cuidad, sin sus tradicionales meriendas en el fondo de la Catedral, se veía un tanto triste sin los grupos familiares, de cofrades y cargadores compartiendo el pan y el vino, una costumbre de siglos en estos días de fe y tradición a partes iguales.

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